Thomas B. Marsh Regresa a la Iglesia


"HE PECADO CONTRA EL CIELO Y NO SOY DIGNO DE SU CONFIANZA
                Y NO PUEDO VIVIR SIN UNA RECONCILIACIÓN

                      
                                                                         
Extracto de un artículo publicado en BYU Studies, Vol 20 N14, págs.389-398
La apostasía de líderes de la Iglesia en puestos de mucha responsabilidad siempre ha sido una  gran preocupación. Por lo general es difícil detectar y entender los motivos que dan origen a la apostasía.  El estudio de algunos de estos casos puede ayudarnos a evitar peligros que puedan presentarse en nuestras propias vidas.

El estudio del caso del Hermano Tomás B. Marsh, el primer presidente del Consejo de los Doce, nos enseña lo que puede suceder en la vida de cualquier líder. Él se apartó de la Iglesia cuando estaba en la asignación mencionada.  Podemos ver en este relato de los sucesos de su vida las influencias que le hicieron llegar a la apostasía.

El Presidente Marsh conoció algo de los episodios de la Restauración antes de la organización de la Iglesia. En 1829 el Espíritu le inspiró a irse del lugar de su residencia hasta Nueva York en donde oyó rumores de la "Biblia de Oro" en la ciudad de Palmira. Al ir en busca de información sobre los rumores, llegó a Palmira y encontró a Martín Harris en la imprenta donde estaba en proceso la impresión del Libro de Mormón.  Después de obtener una copia de las primeras dieciséis páginas del Libro, Martín Harris le informó cómo llegar al hogar de José Smith, padre, donde fue instruido por Oliverio Cowdery tocante a los acontecimientos de la Restauración.  Después, él regresó a Massachusetts regocijándose con lo que había aprendido.

Durante los meses siguientes mantuvo contacto con Oliverio Cowdery por carta y cuando se dio cuenta de la organización de la Iglesia en abril de 1830 se preparó para cambiar su residencia a Palmira, lo que logró en agosto. Fue bautizado por David Whitmer el 3 de septiembre de 1830.

Tomás B. Marsh se mudó a Kirtland en la primavera de 1831 donde fue ordenado sumo sacerdote y poco después fue mandado a una misión en Missouri.  Universalmente en la Iglesia fue conocido como "Hermano Marsh". Se distinguió como líder y sufrió con los demás santos durante las persecuciones en Missouri.  En 1834 fue elegido para participar en los preparativos ceremoniales para "la investidura", y también para estar presente en la dedicación del templo en Kirtland y asistir a la asamblea solemne que se efectuó.  Fue nombrado como miembro del Sumo Consejo en Clay County, Missouri el 7 de julio de 1834.

En enero de 1835 Tomás Marsh y Eduardo Partridge emprendieron su viaje de retorno a Kirtland donde llegaron el 24 de abril.  Durante su ausencia de Kirtland, había sido llamado como miembro del Primer Consejo de los Doce Apóstoles. Fue ordenado apóstol el 26 de abril.  En una reunión el 2 de mayo los miembros del Quórum fueron puestos en orden según su edad y Tomás Marsh fue designado como presidente del grupo, porque era el mayor en edad.  En el verano Tomás se unió a otros de su quórum para cumplir una misión en los estados del Este y al regresar ayudó en la terminación del Templo de Kirtland y participó en las reuniones sagradas que se efectuaron antes de la dedicación.  El 22 de enero de 1836 Tomás recibió una unción especial como presidente de su quórum.

Después de dichas actividades, Tomás regresó a Missouri en donde los miembros de la Iglesia sufrieron mucha persecución.  Asumió fuertes responsabilidades en la dirección de la Iglesia ayudando a los hermanos W. W. Phelps y John Whitmer quienes habían sido llamados como presidencia de la Iglesia en Missouri.  Hubo conflicto entre el Sumo Consejo y la presidencia.  La posición de él como apóstol no le permitió interferir en el trabajo de la misma.  No obstante, Tomás apoyó a miembros del sumo consejo local en sus actuaciones en contra de la presidencia. 
En 1837 dichos problemas fueron resueltos, pero aparecieron nuevamente el año siguiente lo que permitió que Tomás Marsh ejerciera una influencia que resultó en una lucha por el poder entre la presidencia en Missouri y el Consejo de los Doce.

Aunque la revelación en 1835 había indicado que el Quórum de los Doce seguía a la Primera Presidencia en el gobierno de la Iglesia, en realidad la presidencia en Missouri y los dos sumos consejos mantuvieron la supremacía en la práctica debido a que habían sido organizados antes del Quórum de los Doce.  Además los miembros del Consejo de los Doce no se habían mantenido en contacto continuo.  Había realmente una situación confusa en cuanto a la responsabilidad de los grupos de liderazgo lo cual se resolvió con una revelación recibida el 23 de julio se 1837. (Sección 112).


Con mortificación Tomás Marsh se dio cuenta que Parley P. Pratt, otro miembro del quórum, se estaba preparando para irse a Inglaterra a predicar el evangelio.  El Hermano Marsh consideró que el establecimiento de la Iglesia en el extranjero era de tal magnitud que ningún miembro del Quórum debía intentarlo en forma independiente del Quórum.  El citó a los miembros del Quórum de los Doce a una reunión en Kirtland para el 24 de julio de 1837.  El y David Patten, el segundo en edad en el Consejo de los Doce, se dirigieron a Kirtland desde Missouri.

Mientras tanto, el profeta José Smith había designado a Heber C. Kimball y Orson Hyde, miembros del Consejo de los Doce, para ir a Inglaterra para predicar el evangelio.  No se puede establecer cuando los Apóstoles Marsh y Patten se dieron cuenta de este suceso pero hay indicaciones expresas que estaban disgustados y que fue destruida la ilusión de reunir al Quórum.  Parece que Tomás B. Marsh quería ser el primero en introducir el evangelio en el extranjero y tuvo envidia porque otros del Consejo se le habían adelantado por instrucciones del profeta. 

Tomás se reconcilió con el Profeta José Smith y estableció relaciones muy estrechas con él durante ese tiempo.  Regresó a Missouri e inmediatamente tuvo conflictos con Oliverio Cowdery, David Whitmer, Guillermo W. Phelps y Juan Whitmer.  Sintiendo que el espíritu de amargura de dichos hermanos tan influyentes podría destruir la Iglesia, Tomás buscó la manera de sacarlos del rebaño.  Pero parece que sus motivos no fueron puros.  Envidioso por ganar más reconocimiento e influencia, él mostró una conducta indigna y excesiva, todo en el nombre del Profeta José Smith.  Hay evidencias que Oliverio y sus compañeros se sintieron amargados porque el fin no justificaba los medios. En unos cuantos meses sus enemigos se encontraban fuera de la Iglesia y Tomás y David W. Patten fueron nombrados presidentes en Missouri.

El control de propiedades en Missouri dio oportunidad de enriquecerse a aquellos que vendían estas a los santos y Tomás se encontraba entre los que controlaban las propiedades.  José Smith amonestó en cuanto a la codicia.  En su búsqueda por el poder, Tomás sufrió de miedo y de envidia.  Su sensibilidad tocante a la crítica, le provocó dudas sobre la actuación de José Smith.  Años mas tarde dijo:  Me involucré en negocios que no me pertenecían...

En agosto de 1838 sucedió un incidente que fue un factor importante en la apostacía de Tomás B. Marsh.  Su esposa Elizabet fue acusada de llevarse injustamente la crema de la ordeña de una vaca que era compartida diariamente con otra hermana.  Aunque fue juzgado el asunto por varios consejos disciplinarios todos los fallos fueron en contra de la hermana Marsh.  Como un esfuerzo final, el Obispo Eduardo Partridge suplicó a ella que,"...Arreglara las cosas y le dio tiempo para hacerlas,"  pero La Hermana Marsh obstinadamente mantuvo su inocencia.  Cuando José Smith claramente dijo a la hermana que había mentido en el consejo disciplinario y que sería suspendida, se indignó el Hermano Marsh y rehusó escuchar mas.  El Hermano Jorge A. Smith, apóstol e historiador detalla los hechos de la siguiente manera:

"El caso fue apelado desde el maestro hasta el obispo, efectuándose un consejo disciplinario normal.  El Presidente Marsh consideró que el obispo no les había hecho justicia a él ni a su esposa, porque la decisión fue que ella se había quedado injustamente con la crema de la leche y que había violado su compromiso. Inmediatamente el Pres. Marsh apeló al Sumo Consejo quienes hicieron una investigación del problema con mucha paciencia y con mucha seriedad.  El Pres. Marsh estaba ansioso por sostener la firme actitud  de su esposa, y como él era el Presidente del Consejo de los Doce Apóstoles y un gran hombre en Israel, hizo una defensa desesperada, pero finalmente el Sumo Consejo sostuvo la decisión del Obispo.

El Pres. Marsh, no sintiéndose satisfecho, apeló a la Primera Presidencia de la Iglesia.  José Smith y sus Consejeros tuvieron que juzgar el caso, y aprobaron la decisión del Sumo Consejo.  Este asunto pequeño, como pueden entender, causó una tormenta considerable y entonces Tomás B. Marsh dijo que él sostendría la actitud de su esposa aunque tuviera que ir al infierno por hacerlo".

Como pueden imaginar, el asunto de la leche humilló tanto al Hermano Tomás B. Marsh que no podía enfrentarse a sus compañeros.  Su gran anhelo de lograr la admiración de los Santos, y especialmente del Profeta, resultó en amargura. Muchos años después en Lago Salado, Tomás confesó que su celo había comenzado a convertirse en una envidia maligna:



"Sentí envidia del Profeta, entonces me descontrolé, y no me fijé en nada que fuera correcto, y pasé todo mi tiempo buscando lo malo...Me quedé ciego, y creía ver una viga en el ojo del Profeta, pero sólo fue una mota, y mi propio ojo tenía la viga...Me enojé y quería que todos los demás sintieran enojo.  Hablé con los hermanos Brigham y Heber, y quería que estuvieran enojados como yo;  vi que no lo estaban y ésto me puso mas furioso....El Hermano Brigham con una mirada cautelosa, preguntó:  ")Es usted el líder de la Iglesia, Hermano Tomás?"  Respondí, "no."  "Entonces," dijo él,  ")Porqué no deja esto hasta aquí..?"

El Presidente Marsh abandonó la Iglesia, trató de vengarse de sus líderes y pasó muchos años en rebeldía.  No perdió interés en la Iglesia porque siguió informándose de lo que estaba ocurriendo en ella.  Después de la muerte de su esposa se dirigió al oeste para volver a la Iglesia,  hizo la paz con los líderes y fue perdonado y aceptado en la Iglesia.  Se dirigió a Utah en donde volvió a casarse y vivió varios años con los Santos.  El escribió una carta a las autoridades cuando estaba solicitando permiso para reintegrarse a la Iglesia.

                     5 de mayo de 1857                                                                              Florence, Douglas Co., Territorio de Nebraska
                    

Heber C. Kimball

Estimado Señor:
Se dará cuenta por la dirección, en donde estoy. Hace tres años murió mi esposa y salí de Missouri  empezando a darme cuenta de mi situación; se preguntará, quizás,) Porqué he dormido tanto tiempo o  porque tomé tanto tiempo para despertarme y tendrá razón; porque así es,  he estado en la obscuridad a lo menos por 18 años.

Salí de Grundy Co., Missouri al principio de enero y me dirigí mirando hacia Sión. Viajé; la mayor parte  caminando, teniendo la determinación de ir a Lago Salado, siendo Dios mi socorro.Deseaba una  vez llegado, postrarme a los pies de los apóstoles e implorar su perdón y pedir la entrada a la Casa del Señor; entrar en la Iglesia de los Santos de los Ultimos Días y decir a ellos, que se que he pecado en contra de los Cielos y en su vista me he hecho indigno de su confianza, o de tener un lugar en la familia de los Cielos. Sin embargo, permítanme ser su siervo para que no perezca, porque yo se que en la casa de mi Padre hay abundancia de pan y yo aquí perezco de hambre.

Vine hasta aquí con mucho valor  y seguí así por un corto tiempo. Mientras paso mas tiempo aquí y observo su progreso desde que yo les dejé, mas aumenta mi confianza y mas fuerte es mi fe y mas claras se ponen las cosas para mi. Descubro mas claramente que no merezco ni un lugar entre ustedes en la iglesia, ni aun como el menor de los miembros; pero no puedo vivir sin reconciliarme con los Doce (Apóstoles) y con los miembros a quienes he lastimado.  Oh Hermanos, una vez Hermanos!  )Cómo puedo dejar este mundo sin su perdón?  )Puedo recibirlo?  )Puedo recibirlo?  Algo me dice por dentro de mi, por favor apresúrense y háganmelo saber  escribiéndome "sí" y entonces con gozo estaré contento.  Me he reunido con Jorge W. Harris (el esposo de Lucinda con quien la Hna. Marsh tuvo el problema) y nos hemos reconciliado, y cuando esto se logró, estaba tan entusiasmado que me sentí forzado a decir en mi corazón, esta es una evidencia que el Señor me ama, a pesar de mi rebeldía y pecados.  Yo se lo que he hecho. Me dieron una misión y no la he cumplido y ahora temo que es demasiado tarde porque ha sido realizada por otro, ya veo que no le hice falta al Señor y El no ha perdido nada por el abandono mío, pero )Qué he perdido yo?  Riquezas, riquezas mas grandes que el valor de este mundo o el que otros muchos planetas como este me podrían dar. Pero oh hermanos...) Pueden darme una sola palabra de consuelo?  ) Puedo ser salvo en el reino de Dios?  ) Puedo encontrar paz entre ustedes? (Oh, si pudiera gozar de sus sonrisas y las sonrisas  de mis hermanos y la del Señor, estaría dispuesto a partir de este mundo o quedarme en esta gran paz.  El Señor me ha tomado en cuenta y aunque fui muy terco, El me ha amparado.  Me ha visitado con castigo, con visiones y sueños.  Hermanos, oh si fuera digno de llamarles hermanos! pero )Cómo les llamaré?  Son muy queridos para mí.  Les amo más que cualquier grupo de mortales en este mundo.  Han sido diligentes en hacer la obra que les ha sido encomendada, mientras que yo, miserable de mi!, he perdido tiempo entre iglesias rameras buscando nutrir mi alma en donde no había pan de vida. Les amo y me odio a mi mismo. Espero aquí, en Florence ansioso para recibir una carta dirigida a su viejo y ahora indigno pero sincero amigo.
                             
Tomás B. Marsh


Heber C. Kimball
Salt Lake City

P. S.  Mi Amor a todos los santos y que las bendiciones ricas de la plenitud del sempiterno evangelio estén y descansen sobre ustedes ahora y para siempre. Amén.

                       T.B.M.

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