Más perfectamente instruidos en teoría, en principio, en doctrina

El Señor ha mandado que nos instruyamos en teoría, en principio, en doctrina (D y C 88:78). Conocemos lo que significa doctrina y principio, pero al parecer, hay mucha desinformación sobre lo que es “teoría”. La palabra teoría viene del griego y se refiere a un pensamiento especulativo. Viene de theoros (espectador), thea (vista) y horo (ver). Otros consideran que se traduce en latín como “contemplatio”, por tanto, contemplare indica “ver desde el templo”.
El pensamiento especulativo entre las autoridades de la Iglesia no es algo poco frecuente, Bruce R. McConkie introduce muchas de sus teorías en sus obras, por ejemplo en Doctrina Mormona él dice sobre Caín “estuvo asociado con Lucifer en la preexistencia y aún cuando fue un mentiroso desde el principio y su nombre fue Perdición, Caín se las arregló para obtener el privilegio del nacimiento mortal”. Alma da su teoría sobre la primera resurrección (Alma 40:20). Brigham Young da muchas especulaciones sobre Adán, el mundo de los espíritus; así como Orson Pratt que llena de especulaciones su publicación “El Vidente” sobre la vida premortal, el matrimonio plural y otros temas; y hay muchos ejemplos más. Con esto pretendo establecer que el hecho de hacer especulaciones no es algo malo o incorrecto, pero tradicionalmente se observa y trata la especulación en forma peyorativa, y a quienes las hacen como a miembros que se están desviando o andan en caminos incorrectos.
Poco a poco se irá cambiando este aspecto cultural entre los miembros de la Iglesia, quizás comenzando por no juzgar a quienes deciden profundizar en doctrina. Si alguien le basta con las charlas misionales y la escuela dominical, bien por ellos, ¿por qué debo criticarlos? Si alguien es más inquieto y desea buscar la verdad en diferentes fuentes ¿Debo considerarlo un miembro en vías de inactivarse y perderse?
Lo que sí me parece incorrecto es especular en una clase a la cual uno fue llamado para enseñar de las escrituras y de las palabras de los profetas. Los alumnos de las clases no están interesados en nuestras ideas o teorías, ni se nos ha llamado para darlas. Pero en nuestro estudio personal somos nuestros propios agentes, y no debemos estar preocupados de lo que otro esté estudiando y emitir juicios sobre eso.
Quienes no han leído bien las escrituras tiene problemas serios para distinguir entre una especulación sobre doctrina y la doctrina misma, pues desconocen si tiene fundamento y a veces asumen como si lo tuviesen.
Lo importante es que Dios nos ha mandado que nos perfeccionemos en teoría, lo que demuestra que Dios no le ve nada malo. Simplemente hay quienes han inventado todo un aspecto turbio en estudiar y especular sobre doctrina en forma personal, diciendo algunos cosas como “eso lleva a alejarse de la Iglesia”, cuando es obvio que la mayoría de los inactivos tienen otros motivos.
Simplemente es más cómodo estar en una Iglesia con menos jueces, y con miembros preocupados de sus propias debilidades (Alma 42:29), y sólo preocupados del prójimo en el aspecto de cómo servirle y amarles más. Pero existe esta debilidad ante aquellos que hacen cosas y tienen gustos distintos a los nuestros, donde se pone a prueba nuestra tolerancia que casi todos creemos tener la cual es fácil demostrar en un entorno homogéneo, donde todo nuestro medio piensa y hace parecido a nosotros, pero que no nos permite percibirnos como intolerantes con quienes piensan, hacen y tienen gustos e inquietudes distintas a las nuestras.
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