lunes, 20 de enero de 2014

La Corona Espinosa

[esto fue publicado originalmente en inglés aquí]

Después que el Señor confrontó a Adán y Eva por haber comido del fruto prohibido y después de eso recibir la confesión de ellos mismos, pronunció lo siguiente:
“Por haber […] comido del fruto del árbol del cual te mandé, diciendo: No comerás de él, maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinas también, y cardos te producirá, y comerás la hierba del campo.” (Moisés 4:23–24) [1]
Las espinas y cardos se presentan en contraste con la belleza y la simplicidad del Jardín del Edén. Otros términos que se utilizan en las Escrituras para transmitir la misma idea son “zarzas”, “ortigas”, “abrojos”, “aguijones”, etc.[2] Estos no son objetos diseñados “tanto para agradar la vista como para alegrar el corazón” (DyC 59:18), sino que son órganos crueles de dolor y de autoprotección. Por esta razón, se utilizan con frecuencia en las Escrituras como símbolos o manifestaciones de las consecuencias negativas de la caída. No voy a cubrir estos temas, pero las espinas y cardos también se utilizan como símbolo de la apostasía y la desolación [3], la retribución divina [4], y las distracciones mundanas [5], entre otras cosas.[6]

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