¿Señor a quién iremos?


Por Fernando Illanes. Discurso dado en su Sacramental.

En Juan capítulo 6 una de las experiencias que nos relata es que mucha gente en barco fue hasta Capernaúm a buscar a Jesús de Nazaret de quien ya muchos deducían que era el profeta prometido. El Maestro estaba enseñando en una sinagoga. La gente que le escuchó le cuestionó contensiosamente a lo que el Señor les dice que él era el Maná que envió el Padre y que deberían comer de su carne y beber su sangre profetizando la cercana Santa Cena que establecería como los símbolos del nuevo pacto o convenio. Al escuchar tal doctrina muchos de sus seguidores que le querían y los que fueron a conocerle le dijeron: "Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?" [1]

El desenlace de esta experiencia tristemente nos dice que: "Desde entonces, muchos de sus discípulos volvieron atrás y ya no andaban con él." [2] En palabras más familiares para nuestra época podríamos decir que "se inactivaron".

Imaginen visualizar esa escena queridos hermanos, el Señor está de pie en frente de ellos con el alma angustiada porque podía prever la reacción que tendrían ante su amonestación firme y nueva doctrina. De pronto hay un silencio y muchos -como dice la escritura- sí, muchos se levantan, lo miran, hacen un gesto negativo y se van. Aunque Juan no lo registra, estoy seguro que le rompieron el corazón al Señor. El Señor no estaba privilegiado por los cielos con una facultad para no sentir dolores emocionales, estrés y frustración. Luego busca con la mirada a sus Doce Apóstoles y sollozo por el frustrante momento, les dice: "¿También vosotros queréis iros?" [3]

La continuación de ese preciso momento, es una magistral ayuda para fortalecer nuestro testimonio, y es el amoroso y fiel Pedro que nos da la pauta. Pedro al escuchar la pregunta del maestro "¿También vosotros queréis iros?" responde con humildad y sobretodo con grandiosa muestra de discipulado al Señor: "¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna." [4] QUE SUBLIME MUESTRA DE CONVERSIÓN!!!

Mi madre falleció 3 años después que falleció mi padre y por lo tanto quedé huérfano a los 16 años. Un joven en las mismas condiciones es presa de Satanás con la soledad, depresión, lo inexperto de la vida y las tomas de decisiones equivocadas. Sin embargo -y sabe el Señor que no lo digo por jactancia- ¿a quién fui? Seguí activo en la iglesia y al poco tiempo fui a la misión. Hoy no soy lo que el Señor quisiera que fuera pero tampoco está decepcionado y estoy seguro que está feliz que no sea lo que Satanás quería que fuera si yo optaba por ser un joven rebelde por el doloroso y solitario momento que pasé cuando falleció mi madre.

Cuando alquien amado está muy enfermo ¿a quién iremos? iremos al Señor por medio de su Evangelio Restaurado que enseña que debemos ayunar, orar y ofrendar para pedir salud de nuestro ser amado enfermo. Como también podemos recurrir al Santo Sacerdocio pidiendo una bendición de salud.

Si alguien que amamos muere y queremos encontrar consuelo ¿a quién iremos? Mientras que algunos buscan aliviar la nostalgia con los antidepresivos que pueda ofrecer Satanás, nosotros iríamos a nuestro conocimiento del Plan de Salvación para entender que la inevitable muerte es un triste pero necesario cambio de estado de nuestra existencia pero que la resurrección es una bella promesa latente.

Si amamos tanto a nuestra familia y queremos que ese inextinguible amor perdure inseparablemente no sólo por esta vida sino por la eternidad ¿a quién iremos? iríamos al Santo Templo después de una preparación para así tener la promesa de que si somos fieles a los convenios, los nuestros serán nuestros en la eternidad, en vez de creer lo que el mundo cree o sea que un matrimonio es "hasta que la muerte los separe"

Queremos que los pequeños de nuestra familia lleguen a la juventud con principios morales altos y ética por la vida ¿a quién iremos? como siempre la respuesta es la misma, al Señor con sus Hombres y Mujeres Jovenes, Seminario, Institutos y la gran enseñanza llamada "Fortaleza para la Juventud"

Hay incontables preocupaciones, pecados, problemas que en esta vida nos turban pero para todo ello hay a quién ir. Entonces al analizar ésto, ¿realmente vale la pena arriesgarnos a sentirnos ofendidos, cansados, imposibilitados o cualquier motivo que creemos suficiente para inactivarnos de la iglesia? Satanás cortésmente nos ofrecerá de su bazar de alternativas si decidimos no ir al Señor. Hay un viejo dicho que dice: "En el bazar del diablo, hasta un gramo de escoria vale su gramo de oro". Cuando este vendedor terco e insistente llamado Satanás nos está convenciendo a ir a él y no al Señor que tiene palabra de Vida Eterna, entonces el Señor nos advierte del peligro con el método que en palabras del escritor C. S. Lewis consiste en utilizar: "el dolor [que] es el megáfono que utiliza [Dios] para hablar a sus hijos intencionalmente sordos" [5]

Quizá nos lleguemos a cuestionar ¿por qué utiliza tal severo método? ¿Por qué Dios permite que tengamos notorias pruebas en la que sufrimos cuando sin embargo aún no nos hemos distanciado del Señor y más aún hemos decidido ir a Él? Desde los días de mi misión llegué a preguntarle al Señor y he sentido que Él me ha respondido por medio de las Escrituras la razón de estas dos intrigantes preguntas. He llegado a saber que el hombre pasa por pruebas dolorosas por 4 objetivos que busca el Señor:

  1. Para que adquiramos una nueva virtud de la cual carecemos. 
  2. Para coronarnos en nuestra fe. 
  3. Para despertarnos de un adormecimiento espiritual. 
  4. Para enmendar nuestras faltas a la Justicia Divina. 

Sea cual sea la razón por la que estemos sufriendo una prueba dolorosa y nos sentimos olvidados, de igual manera debemos ir a él porque él tiene Palabra de Vida Eterna y ademas "Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre" [6]

Las pruebas dolorosas son de alta prioridad para nuestro progreso. No siempre la guía del Señor es una voz suave y apacible, a veces viene en un grito aspero para que reaccionemos y volvamos a él antes de irnos con el dueño del bazar de escorias de toda clase o sea Satanás. Un simple y tímido gesto puede no ser suficiente para movernos lejos de un precipicio a cual nos acercamos a su borde. Un grito alarmante en todo caso detiene y salva.

Así como el Señor llegó a exclamar "Elí, Elí; ¿lama sabactani? Esto es: ¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has desamparado?" (Mateo 27:46) Él igual decidió ir al Padre, así como Pedro exclamó que no hay mejor opción que ir a él, y entonces el Señor dijo "Padre en tus manos encomiendo mi espíritu" de igual manera debemos nosotros ir a él encomendando nuestro espíritu.

Testifico de ello en el nombre de Jesucristo, Amén.


[1] Juan 6:60
[2] Juan 6:66
[3] Juan 6:67
[4] Juan 6:68
[5] Lewis, El Problema del Dolor, pág.35
[6] Hebreos 6:10

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